
Fui contratado por ellos en el año 1997. El mundo y yo éramos muy diferentes en ese momento, de mis cambios y de los cambios sufridos en el mundo soy, sin embargo, en grandísima medida responsable. Orgullosamente responsable.
No estaba destinado, sin embargo, a grandes logros. Pero los conseguí. Esta es mi (nuestra) historia. Y como toda historia lo mejor es empezar por el principio, que no soy yo sino el mentor de mi mentor.
Corrían los años cincuenta, como a mediados. El mentor de mi mentor había formado parte de la división política de La Empresa (los llamaremos a ellos a partir de ahora así), era K. Como parte de la división política habían conseguido un gran logro y un durísimo golpe durante los años cuarenta en USA con todo el tema de la caza de brujas. Pero a él no le pareció mucho. El trabajo era enorme y los beneficios escasos y solo visibles a largo plazo. K decició que la empresa llevaba desde finales del siglo XIX trabajando por sus objetivos y, sin embargo, los avances eran lentos y costosos. Hacía falta algo más serio y contundente.
Creó la división de Salud de la Empresa. Y rápidamente puso sus ojos en las recientemente creadas OMS y ONU. Era ambicioso y sabía que la salud era un tema de preocupación universal. Decidió investigar en ese campo y recibió el beneplácito y el dinero de los dueños del mundo para crear su propio departamento. Así empezó el asunto que consiguió el éxito de la empresa en el segundo decenio del dos mil.
Tras algunos años pagando a investigadores y a científicos allá por 1960, empezaron a pensar en investigar las mayores plagas de la humanidad y reproducirlas. La idea no era nueva, pero hasta que K no se puso en ello a nadie se le ocurrió estudiar la posibilidad de manera metódica. Y ahí empezaron. Buscaron la manera de reactivar la peste bubónica, pasaron a impulsar la lepra y algunas enfermedades casi extingidas. Como siempre usaban los países del tercer mundo para sus experimentos así como para sus intentos de propagar enfermedades que afectaran a todo el planeta. Como decía K, a los virus y a las bacterias no se les pide el pasaporte en las fronteras. Empezaron a dar dinero a investigaciones específicas sobre virología, mutaciones y estudios de ADN y RNA así como de retroproteínas. Y no pasó nada hasta los años setenta.
K necesitaba un nuevo pupilo y lo encontró. Corrían los principios de los años setenta cuando mi mentor, R, fue contratado por la Empresa. Si K era contundente digamos de R que fue condenado a muerte en su país (uno de los africanos) por haber realizado investigaciones ilegales en el hospital donde trabajaba. Duro, frío e implacable intentó un golpe de estado tras escaparse de la cárcel y hubiera muerto de no ser por la oportuna intervención de K. Para K fue un error imperdonable, para R y para la humanidad una decisión acertada.
Pero no nos aceleremos, os contaré pronto la historia de mi mentor R.
No estaba destinado, sin embargo, a grandes logros. Pero los conseguí. Esta es mi (nuestra) historia. Y como toda historia lo mejor es empezar por el principio, que no soy yo sino el mentor de mi mentor.
Corrían los años cincuenta, como a mediados. El mentor de mi mentor había formado parte de la división política de La Empresa (los llamaremos a ellos a partir de ahora así), era K. Como parte de la división política habían conseguido un gran logro y un durísimo golpe durante los años cuarenta en USA con todo el tema de la caza de brujas. Pero a él no le pareció mucho. El trabajo era enorme y los beneficios escasos y solo visibles a largo plazo. K decició que la empresa llevaba desde finales del siglo XIX trabajando por sus objetivos y, sin embargo, los avances eran lentos y costosos. Hacía falta algo más serio y contundente.
Creó la división de Salud de la Empresa. Y rápidamente puso sus ojos en las recientemente creadas OMS y ONU. Era ambicioso y sabía que la salud era un tema de preocupación universal. Decidió investigar en ese campo y recibió el beneplácito y el dinero de los dueños del mundo para crear su propio departamento. Así empezó el asunto que consiguió el éxito de la empresa en el segundo decenio del dos mil.
Tras algunos años pagando a investigadores y a científicos allá por 1960, empezaron a pensar en investigar las mayores plagas de la humanidad y reproducirlas. La idea no era nueva, pero hasta que K no se puso en ello a nadie se le ocurrió estudiar la posibilidad de manera metódica. Y ahí empezaron. Buscaron la manera de reactivar la peste bubónica, pasaron a impulsar la lepra y algunas enfermedades casi extingidas. Como siempre usaban los países del tercer mundo para sus experimentos así como para sus intentos de propagar enfermedades que afectaran a todo el planeta. Como decía K, a los virus y a las bacterias no se les pide el pasaporte en las fronteras. Empezaron a dar dinero a investigaciones específicas sobre virología, mutaciones y estudios de ADN y RNA así como de retroproteínas. Y no pasó nada hasta los años setenta.
K necesitaba un nuevo pupilo y lo encontró. Corrían los principios de los años setenta cuando mi mentor, R, fue contratado por la Empresa. Si K era contundente digamos de R que fue condenado a muerte en su país (uno de los africanos) por haber realizado investigaciones ilegales en el hospital donde trabajaba. Duro, frío e implacable intentó un golpe de estado tras escaparse de la cárcel y hubiera muerto de no ser por la oportuna intervención de K. Para K fue un error imperdonable, para R y para la humanidad una decisión acertada.
Pero no nos aceleremos, os contaré pronto la historia de mi mentor R.
